miércoles, 20 de agosto de 2014

Brucelosis

Sinonimia:
  •  En el hombre: Melitococia, fiebre de Malta, fiebre del Mediterráneo.
  • Bovinos: Aborto contagioso, aborto infeccioso, aborto epizoótico, enfermedad de Bang.
  • Ovinos: Epidimitis del carnero.
La brucelosis sigue siendo una zoonosis de importancia mundial, tanto desde el punto de vista de la salud pública como para la economía, aunque en algunos países se ha logrado la erradicación de la brucelosis bovina mediante campañas de prevención, vacunación y sacrificio de reses infectadas; en otros continúan aún tenazmente los programas de erradicación.

La brucelosis ovina y caprina causa una mayor corriente de infección en el hombre que la bovina, la enfermedad sigue teniendo muy amplia difusión, particularmente en los países en desarrollo, y pocas campañas para combatirla han tenido éxito. La brucelosis porcina, mucho menos extendida que las otras formas, es muy patógena para el hombre. Si bien, la vacunación del ganado vacuno, ovino y caprino tiene cierta utilidad como medida de lucha, el objetivo deseable es la erradicación, la cual depende de la localización y sacrificio de los animales infectados.

En cualquier caso, toda esperanza de éxito tiene como base las técnicas de laboratorio sólidamente establecidas, así como la aplicación de vacunas de buena calidad y administradas en la edad correcta del animal.

Agente etiológico.

Actualmente se reconocen seis especies subdivididas en biotipos: B. militensis (3) B. abortus (ocho, 1 al 7 y 9, el 8 fue suprimido) B. suis (4) B. ovis, B. canis y B. neotomae cada una con un biotipo.

Características de la enfermedad.

Animales

Algunos autores señalan que durante una infección con Brucella se pueden detectar tres fases: latente, en la cual el laboratorio no puede detectar la infección; oculta donde no existe ningún signo clínico, pero se puede observar el proceso mediante pruebas serológicas de laboratorio y una fase de localización con signos clínicos. En ocasiones la enfermedad puede quedar limitada a la primera y segunda fase.

En las hembras preñadas el signo clínico predominante es el aborto, éste ocurre con frecuencia en la segunda mitad de la gestación (6-8 meses) suele ser espontaneo seguido por retención placentaria, en especial cuando más tardío es el aborto. En la gestación siguiente el aborto tiene lugar más tardíamente para terminar el proceso clínico con un aborto prematuro. Es muy rara la presentación de tres abortos consecutivos.

En los toros la evolución del cuadro clínico tiene una sintomatología poco precisa, la cual termina con el desarrollo de orquitis y de bursitis subcutánea, principalmente tarsiana y carpiana. La evolución de la enfermedad es rápida en los animales jóvenes, en éstos desaparecen los gérmenes del organismo. En las hembras adultas vacías también la evolución suele ser bastante rápida, sin embargo el animal queda infectado de por vida.

En los pequeños rumiantes, tanto en la cabra como en la oveja, la brucelosis evoluciona subclínicamente y sin manifestar diferenciación sintomática, entre infección por B. militensis y B. abortus, distinguiéndose las tres fases señaladas para la especie bovina.

Para el ganado caprino, igual que en los bovinos, el síntoma más objetivo y sospechoso es el aborto tardío (entre cuatro y cinco meses de gestación) o el aborto prematuro acompañado de infecundidad, en muchos casos. En el macho se observa con frecuencia orquitis con destrucción del epitelio seminífero y en consecuencia hipofecundidad o esterilidad.

La evolución de la enfermedad suele ser rápida, ya que por lo general padece un aborto y cuando más algún parto prematuro en el siguiente alumbramiento. No obstante, al cabo de dos o tres años, debido a la introducción de nuevos individuos no contaminados en el rebaño, para sustituir a los animales de desecho, la enfermedad puede presentar características alarmantes.

Además, según se destaca en los informe de la FAO/OPS, aun cuando actualmente se ha demostrado que algunas cabras son portadoras crónicas de B. melitensis durante toda la vida y la mayoría se restablecen aparentemente de la enfermedad, son responsables de la perpetuación de la enfermedad en el rebaño.

Humanos

El hombre es susceptible, tanto a la B. melitensis como a B. abortus y B. suis. La frecuencia con que el hombre se infecta con cada una de estas especies, depende de la región y de las relaciones que el hombre pueda establecer con las distintas especies animales susceptibles, ya que cada una de ellas tiene su hospedador natural. El grado de patogenicidad también varía según la especie. Algunos investigadores consideran a la B. melitensis como la más patógena, seguida por la B. suis y en menor grado la B. abortus.

En general, el periodo de incubación dura de una a tres semanas, pero puede prolongarse por varios meses. Es una enfermedad de principio brusco e insidioso, caracterizada por fiebre continua, intermitente e irregular, cefalalgia, sudores, escalofríos y dolores generalizados. El curso puede ser agudo o crónico. Otros síntomas frecuentes son: constipación, anorexia, astenia y dolores generalizados. Se puede presentar esplenomegalia y hapatomegalia.

En la brucelosis crónica, el paciente muestra irritación, nerviosismo y depresión. La enfermedad puede durar días, meses y a veces varios años, aunque la recuperación es bastante frecuente.

Fuente de infección y modo de transmisión.

Los reservorios naturales de B. abortus, B. suis y B. melitensis son los bovinos, porcinos, ovinos y los caprinos. El huésped natural de B. canis es el perro y el de B. ovis el ovino.

En los animales, la principal fuente de infección son los fetos, envolturas fetales y descargas vaginales que contienen gran número de Brucellas. Las materias fecales de terneros alimentados con leche contaminada también contribuyen una importante fuente de eliminación de Brucella, ésta aunque puede ser continua e inclusive cesar bruscamente, esto puede variar según la especie y el individuo. En la vaca, la leche retiene Brucella prácticamente todo el tiempo que dura la infección.

La vía de invasión más frecuente es el tracto gastrointestinal, por ingestión de pasto, forrajes y aguas contaminadas con Brucella y por el hábito de las vacas de lamer las membranas fetales, fetos y terneros recién nacidos, los cuales contiene gran número de esta bacteria.

La eliminación de Brucella a través del esperma sólo ocurre en casos muy raros (sementales fuertemente contaminados y con orquitis). La vaca infectada es el medio común de diseminación de la enfermedad, tanto dentro del hato como de uno a otro rebaño. Los fetos abortados y envolturas fetales pueden ser llevadas de una explotación a otra por perros, zorros, coyotes; según algunos autores hasta por roedores y aves.

Los vehículos lavados y desinfectados en forma incorrecta, al transportar ganado sano pueden contagiarlo y éste a su vez puede introducir la enfermedad a la granja. Otra forma de contagio y difusión de la enfermedad son los mercados, ferias y exposiciones; la entrada de ganado extraño y los contactos con cercados sucios, la mezcla de hatos sanos con enfermos e incluso es posible que arroyos o drenajes que cruzan de una explotación a otra puedan diseminar la enfermedad.

Diagnostico

En el hombre, el diagnostico se basa en la sintomatología, antecedentes epidemiológicos y pruebas de laboratorio. El aislamiento de la Brucella a partir de la sangre o médula es recomendado. También se puede usar líquido cefalorraquídeo, material de ganglios y abscesos.

Las pruebas serológicas de Placas Rápida, Prueba de Tubo o Prueba Lenta, son muy útiles: Otras pruebas serológicas (más sensibles y especificas) son Fijación de Complemento, Prueba de Coombs, 2- Mercaptoetanol, Card test o Rosa de Bengala y Elisa.

En los animales, el diagnostico se basa sobre todo en la serología. Todas las pruebas pueden ser útiles cuando se emplean con criterio, y se pueden clasificar: de rutina, complementarias, vigilancia epidemiológica y prueba Tamiz.

Tipo de muestra y conservación. 

La muestra y la conservación puede variar según la técnica y la bacteria involucrada:
  • Vísceras o tejidos (bazo, hígado, ganglios): 10 a 15 cm3 con superficie intacta se colocan en recipientes separados, se refrigeran. Se debe enviar de inmediato al laboratorio. 
  • Suero o sangre: Recolectar 10-20 ml sin anticoagulante. 
  • Abscesos: Se deben tomar completos o aspirados con jeringas. No utilizar hisopados. 

Medidas de control.

Humanos

El control definitivo de la brucelosis depende de la eliminación de la enfermedad en los animales domésticos. Se debe promocionar la obligación de pasteurizar la leche y prevenir en grupos ocupacionales, mediante el uso de ropa protectora y funcionamiento apropiado de mataderos, para aminorar la exposición.

Bovinos

En áreas enzoóticas y de alta prevalencia, se recomienda la vacunación de terneras de tres a ocho meses. No deben vacunarse los machos ni las hembras de más de ocho meses. No se recomienda la revacunación.

En zonas de baja prevalencia, el programa de erradicación consiste en aplicar al rebaño repetidas pruebas serológicas de diagnostico y eliminar los reactores hasta la desaparición total de los focos de infección. Este procedimiento se puede usar solo o en combinación con la vacunación de terneras, dando también importancia al control de tránsito de animales y la vigilancia epidemiológica.

Bibliografía

Rodríguez, V. 2000. Zoonosis más frecuentes en Venezuela. Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuaria. Centro Nacional de Investigaciones Agropecuaria (FONAIAP). Instituto de Investigaciones Veterinaria. Maracay, Venezuela. pp. 33-38. (Serie D No. 41).

Rabia

Sinonimia: Hidrofobia, rabia paralitica, derriengue.

La rabia es una enfermedad viral infectocontagiosa de naturaleza mortal, la cual se presenta en casi todas las regiones del mundo. La excepción son las zonas protegidas debido a su posición insular, tales como Gran Bretaña y Australia. La enfermedad cursa con una encefalomielitis aguda que puede alcanzar a todos los mamíferos. Se presenta con dos ciclos bien definidos.

Urbano: En este ciclo la fuente de infección o reservorio son los perros y gatos, siendo los primeros los de mayor importancia epidemiológica en la transmisión de la enfermedad.

Selvático: La fuente de infección o reservorio son los animales silvestres: zorros, zorrillos, coyotes y lobos, éstos tienen marcada importancia en Norte América y Europa; y los murciélagos cuyo mayor problema se encuentra limitado en América Latina.

La producción de anticuerpos monoclonales contra la rabia, ha favorecido la investigación epidemiológica, pudiéndose establecer la distribución geográfica y temporal de las cepas de virus rábico en un brote y su interrelación entre las especies que actúan como reservorio o transmisores.

Han sido identificadas ocho variantes antigénicas en muestras de virus rábico procedentes de América Latina y el Caribe. En Venezuela, se han establecido dos variantes, la 1 de origen canino y la 2 de origen vampiro, lo cual ha permitido a las autoridades sanitarias realizar una mejor vigilancia epidemiológica al ubicar los verdaderos reservorios de la enfermedad.

Agente etiológico.

La rabia es causada por un virus perteneciente al género Lissavirus, familia Rhabdoviridae, tiene forma de bala con un diámetro de 80 y 180 nanómetros de largo. Su genoma está constituido por ácido ribonucléico (ARN) de cadena simple. El virión contiene cinco proteínas y una cubierta externa lipídica. Se reconocen cuatro serotipos. El Serotipo 1 comprende todas las cepas conocidas del virus rábico, tanto de calle como fijo, su distribución es mundial, mientras que los serotipos del 2 al 4 se han aislado en África y Europa.

Características de la enfermedad en el hombre.

En el hombre, el periodo de incubación oscila entre 15 y 60 días, pero puede prologarse hasta ocho meses o más, dependiendo de la cantidad de virus que penetra a través de la mordedura, del lugar en donde se ha producido ésta y de la gravedad de la misma, mientras más alejada se encuentre del sistema nervioso central, más largo será el período de incubación.

La enfermedad se inicia con sensaciones de angustia, malestar general, ligero aumento de la temperatura corporal, dolor de cabeza, irritación a nivel de la herida y continúa con una fase de hiperestesia, sensibilidad marcada a la luz y el sonido, midriasis, sialorrea, espasmos severos de los músculos de la deglución, lo cual obliga a rechazar cualquier bebida y evita la deglución de la saliva. El individuo presenta convulsiones generalizadas y espasmos de los músculos respiratorios. Las fases de excitación y parálisis tienen una duración variable y el curso de la enfermedad en los humanos es de aproximadamente seis días antes de sobrevenir la muerte.

Características de la enfermedad en los animales.

Bovinos, equinos, ovinos y caprinos: La rabia es transmitida por la mordedura de vampiros. Tiene un período de incubación entre 15 y 45 días, en algunos casos es mayor. Los síntomas predominantes son del tipo paralitico, se inician con malestar general. Los animales se apartan del grupo, presentan pelo erizado, midriasis, somnolencia, depresión, lagrimeo, catarro nasal, se rascan en el sitio de la mordedura. Con el avance de la enfermedad se observa incoordinación del tren posterior a los 3 ó 5 días, el morro se cubre de una baba amarillenta y espumosa. La duración de la enfermedad es de 2 a 10 días aproximadamente. La emaciación es notable hasta la muerte.

Perros y gatos: El período de incubación, entre 10 y 60 días o más, presenta una fase prodrómica, ésta se manifiesta con cambios de conducta, molestia por la luz, intranquilidad, aumento de los reflejos, anorexia, irritación en el sitio de la mordedura, estimulación genito- urinaria. Después de tres días, el animal presenta excitación y una marcada agresividad, tiende a morder todo tipo de objetos, animales y hasta sí mismo, produciéndose graves laceraciones; hay sialorrea y parálisis de la musculatura laríngea, lo cual produce un característico aullido ronco y prolongado en la fase terminal. En algunos casos se presentan convulsiones generalizadas, incoordinación y parálisis de músculos del tronco y extremidades. En los gatos, la mayoría de las veces la enfermedad es del tipo furiosa, muy similar a los perros, y entre los dos o tres días de haberse manifestado la excitación sobreviene la parálisis del tren posterior. En la forma muda predominan los signo de parálisis y la fase de excitación es muy corta. La parálisis comienza por cabeza y cuello, esto produce la sospecha de que tenga un hueso atorado, y por tratar de socorrerlo las personas se exponen a la infección. Luego viene la parálisis general y muerte. El curso de la enfermedad es entre uno y diez días.

Animales salvajes: El período de incubación es variable y raramente menor de diez días o mayor de seis meses. Los zorros, coyotes, chacales y lobos son considerados los más susceptibles; mofetas, mapaches, murciélagos y mangostas, en menor grado. Las zarigüeyas son las menos susceptibles. La sintomatología clínica en zorros, mofetas y mapaches, infectados experimentalmente, es similar a la que presentan los perros. La mayoría es del tipo furioso. La duración de la enfermedad en zorros es de dos a cuatro días y en mofetas de cuatro a nueve. En los murciélagos, hematófagos y no hematófagos, se observa la rabia furiosa, en algunos casos puede presentarse la forma muda.

Fuente de infección y modo de transmisión.

Los huéspedes, animales que mantiene el virus rábico en la naturaleza, son los carnívoros y quirópteros. Los herbívoros y otros animales no mordedores no desempeñan ningún papel en la epidemiologia de la rabia.

En el ciclo urbano, el perro es el principal vector, transmitiéndose la infección a través de mordeduras de un perro a otro y de éste al hombre y otras especies domesticas, ya que la eliminación del virus se hace por la saliva. En la rabia silvestre el virus se mantiene en la naturaleza en forma similar a la anterior, actuando como vectores algunas especies carnívoras y quirópteros, los cuales transmiten la infección a los animales domésticos y al hombre.

El virus rábico no penetra la piel sana, lo hace a través de mordeduras, rasguños y membranas mucosas, viajando por las terminaciones nerviosas hasta el sistema nervioso central, a partir del cual se inicia la eliminación a través de las glándulas salivales, lagrimales, la mucosa nasal y órganos, tales como pulmón, corazón y riñón. Se ha descrito la transmisión intrahumana en casos de trasplantes de cornea, donde no se sospechó la rabia en los donantes, y la transmisión aerógena en personas que han permanecido en cuevas donde se refugian murciélagos infectados y otros por mal manejo del virus en el laboratorio.

Diagnostico

Las técnicas de laboratorio utilizadas para el diagnostico de la rabia, deben ofrecer condiciones optimas de precisión, rapidez y economía. En la actualidad existen dos técnicas que cumplen con estos requisitos.

Prueba Directa de Anticuerpos Fluorescentes (AF).

Es la prueba microscópica más efectiva por su alta sensibilidad, especificidad y el poco tiempo que requiere realizarla. Es rápida y relativamente poco costosa, sólo se necesita experiencia y práctica constante, con reactivos y materiales adecuados a cargo de personas competentes. Se puede llegar a un diagnostico definitivo en pocas horas.

Es una prueba serológica donde se detecta una reacción antígeno – anticuerpo, en la cual se emplea un colorante (conjugado) que no es más que anticuerpos antirrábicos coloreados con una sustancia fluorescente, el cual al unirse al antígeno presente en el tejido en estudio, se visualiza la reacción a nivel del microscopio.

Para ejecutar la prueba AF se realizan impresiones del tejido cerebral en láminas de vidrio, éstas se fijan con acetona por 20 minutos a -20 °C; pasado este tiempo se cubren con el colorante o anticuerpos específicos de la rabia (conjugado). Luego de un proceso de incubación de 30 minutos a 37 °C, enjuague y pase por solución buferada por 10 minutos, se observa en un microscopio especial para inmunofluorescencia.

Un resultado positivo a esta técnica es definitivo, en caso de que la prueba dé un resultado negativo, se procede a realizar la segunda técnica.

Prueba de diagnostico biológico: En todos los casos en que una muestra resulte negativa a rabia por AF, es imprescindible practicar la inoculación intracraneal de animales de laboratorio para aislamiento del virus, ya que no siempre se puede detectar microscópicamente el virus en el encéfalo de animales muertos de rabia, debido a la forma irregular como se distribuye el virus en la masa encefálica. Se puede encontrar positividad sólo en animales sacrificados, cuando la enfermedad haya evolucionado completamente.

Diagnostico negativo a la prueba de inoculación en ratones, significa que la muestra de cerebro enviada al laboratorio está exenta de virus rábico. Diagnósticos positivos a la inoculación en ratones, significa poca cantidad de virus presente en el cerebro sospechoso y que no fue posible detectarlo por la prueba AF, ha sido aislado en la prueba biológica y se declara positivo el diagnostico por prueba biológica.

Tipos de muestras y conservación para el envío al laboratorio.

Todo animal sospechoso de padecer rabia debe ser capturado y mantenido en observación durante 10 días, si es posible dejando que la enfermedad evolucione hasta la muerte. El sacrificio prematuro disminuye la precisión del diagnostico de laboratorio, ya que los corpúsculos de Negri se desarrollan en el tejido cerebral en relación directa con la evolución del proceso clínico de la enfermedad. Si las circunstancias obligan a sacrificar al animal, se debe evitar lesionar la cabeza, ya que se reduciría la utilidad para el diagnostico. Igualmente no se recomienda el uso de venenos químicos que puedan causar dificultad en las pruebas biológicas. En el caso de equinos es recomendable el envío de trozos de médula cervical y lumbar.

Una vez decapitado el animal, la cabeza se conserva a baja temperatura y se envía lo más pronto al laboratorio de diagnóstico, acompañado de los datos más importantes: especie, propietario del animal (casa, finca, haras, otro) datos de mortalidad, vacunación, otro. El material debe enviarse debidamente empacado y sellado.

En el caso de que la distancia sea muy lejana y el traslado de la muestra se dificulte, es preferible enviarla en solución de glicerina al 50%, mezclando en partes iguales: glicerina químicamente pura y solución salina fisiológica e introduciendo cortes de cerebro en suficiente cantidad para que las cubra, en un tarro o frasco de rosca cerrado herméticamente; acompañarlo con la respectiva información.

En el caso de utilizar la congelación para el envío de muestras, se debe tomar en cuenta que aunque el virus se conserva, no se puede hacer un examen microscópico rápido, ya que la muestra debe ser descongelada previamente.

Medidas de control.

Humanos: En el caso que una persona tenga que tomar una muestra para diagnostico, es necesario que se tomen precauciones tales como: uso de guantes de goma, para evitar la infección al cortar la cabeza del animal o tomar las muestras de cerebro. Igualmente, se recomienda que toda persona que esté expuesta al virus rábico, personal de laboratorio o aquéllas que por el tipo de trabajo que realizan, tengan que manejar animales domésticos o salvajes, deben estar protegidos contra la rabia, mediante una inmunización previa a la exposición. Esta inmunización pre-exposición, según El Comité de Expertos de la Rabia de la Organización Mundial de Salud, consistirá en tres inyecciones de vacuna antirrábica, administradas en los días 0, 7 y 28 (vacuna de células diploides humanas - VCDH) o tres dosis (una diaria) con refuerzos a los 10 y 20 días después de la última dosis (vacuna en cerebro de ratón lactante - CRL).

Cuando las personas vacunadas tengan que seguir expuestas al riesgo de infección, deberán revacunarse a intervalos de uno a tres años con nuevas dosis de refuerzo.

Una persona que haya sido mordida por un animal rabioso o salvaje o haya tenido contacto directo con un animal positivo a rabia, sin las debidas precauciones al tomar la muestra para diagnostico, o al aplicar un tratamiento durante la enfermedad, debe acudir al Centro de Salud más cercano a su domicilio, ya que la decisión de aplicar la vacunación antirrábica debe ser tomada sólo por el médico del Servicio Sanitario. Estos tratamientos post-exposición constan de siete dosis de vacunas (CRL) una diaria más un refuerzo a los diez días de la última dosis.

Las medidas profilácticas tienen como objetivo limitar el virus al punto de entrada. El tratamiento local de la herida se basa en la limpieza a fondo y la infiltración con suero antirrábico. Generalmente, el largo periodo de incubación permite que la inmunización activa dé lugar a la producción de un titulo adecuado de anticuerpos antes de que el virus alcance el sistema nervioso central. La inoculación combinada con suero y vacuna, constituye el método más efectivo. Los anticuerpos séricos instauran una barrera inmediata, la cual detiene el paso del virus y se conservan durante 14 días aproximadamente, momento en el cual aparecen los anticuerpos procedentes del estimulo inmunogénico de la vacuna.

Animales: Para el control de la rabia urbana los procedimientos más usados tienen por objeto:
  1. Reducción de la población de animales susceptibles, mediante la inmunización de los perros y gatos con dueño.
  2. Eliminación de los perros callejeros.
  3. Eliminación de animales silvestres que puedan intervenir en el ciclo de transmisión.
  4. Aplicación de un programa de educación sanitaria.
  5. Control sobre los traslados de animales y manejo de animales expuestos.
  6. Apoyo de un número necesario de laboratorio de diagnostico.
Para controlar la rabia de ciclo silvestre se debe reducir la población de animales susceptibles, manteniendo el rebaño (bovinos, equinos, caprinos, otro) inmunizado, revacunando anualmente, utilizando biológicos de reconocida calidad y aplicados en adecuadas condiciones, siguiendo las recomendaciones del laboratorio productor, en cuanto a dosis y vía de aplicación. Además se debe controlar la población del agente transmisor (murciélagos hematófagos) mediante capturas con redes de nylon y aplicación de pomada anticoagulante, en forma controlada y utilizando personal adiestrado.

Bibliografía

Bracamonte, M. 2000. Zoonosis más frecuentes en Venezuela. Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuaria. Centro Nacional de Investigaciones Agropecuaria (FONAIAP). Instituto de Investigaciones Veterinaria. Maracay, Venezuela. pp. 24-32. (Serie D No. 41).








  

Leptospirosis

Sinonimia: Leptospirosis, enfermedad de Weil (en el hombre), enfermedad de Stuttgart (en perro).

Descripción

La Leptospirosis es una antropozoonosis muy difundida mundialmente, tanto desde el punto de vista humano como animal. Es una enfermedad producida por una espiroqueta perteneciente a la familia Leptospira, la cual se divide en dos grandes grupos: patógenas, Interrogans (afectan al hombre y los animales) y las saprofitas Biflexas (no patógenas). Las patógenas se clasifican en 23 serogrupos que incluyen 212 serovares. Las saprofitas se clasifican en cuatro serogrupos.

La infección es causada por cualquiera de los serovares pertenecientes a la especie interrogans.

El hombre adquiere la infección por contacto accidental con una gran variedad de animales reservorios, tanto domésticos como salvajes, los cuales eliminan grandes cantidades de leptospiras por la orina o bien por contacto con aguas y suelos húmedos contaminados con los organismos que diseminan los animales enfermos o portadores. La leptospirosis humana comúnmente es esporádica o endémica, y sólo pocas veces es grave (enfermedad de Weil) y la mortalidad casi siempre se debe a esta forma clínica.

En el hombre, la vía de infección se realiza a través de escoriaciones de la piel o de las mucosas superficiales: orofaringe, nasal, conjuntival. La infección enteral ocurre pocas veces, ya que la acidez del jugo gástrico destruye las leptospiras. La infección interhumana se considera excepcional, pero el hombre enfermo es también eliminador temporal de leptospiras, éstas se localizan en los riñones. Ambos sexos son susceptibles de adquirir la infección, pero es más frecuente en los hombres, por la mayor posibilidad a la exposición ocupacional o profesionales del agro (campesinos, criadores, trabajadores portuarios, otros).

Agente etiológico.

Las leptospiras son espiroquetas de forma helicoidal, sumamente móviles, ya que tienen movimientos de rotación y traslación en forma de serpentín.

Se caracterizan por poseer un cilindro protoplasmático, una membrana externa y dos filamentos axiales; en cuanto a las características bioquímicas son: gram(-) microaeróbicos, crecen a temperaturas entre 28 y 30 °C, pH entre 7.2 y 7.4, son oxidasa, catalasa y peroxidasa positivas, requieren ácidos grasos con 15 átomos de carbono como fuente de energía, y para su crecimiento, proteína (albúmina de bovino o suero de conejo) como suplemento en los medios de cultivos. Crecen en medios líquidos (Korthoft y Ellinghausen) semisólidos (Ellinghausen y Korthoft) o sólidos (agar de Cox’s).

Características de la enfermedad en el hombre.

La sintomatología es muy variable y puede confundirse con muchas enfermedades, va desde un cuadro subclínico de una enfermedad febril anictérica, frecuentemente etiquetada como “síndrome gripal”, hasta cuadros clínicos ictéricos graves con alto potencial de letalidad. Se conocen dos formas clínicas de la enfermedad: anictérica e ictérica. Cualquier serovar puede determinar las diversas formas de presentación clínica, algunos casos graves están relacionados con el serovar icterohaemorragiae.

Las manifestaciones clínicas van desde una vasculitis generalizada con compromiso del endotelio de los pequeños vasos, extravasación sanguínea, migración de leptospiras a los tejidos y anorexia local que lleva a daño secundario en algunos órganos como: riñones y suprarrenales. Pueden ocurrir hemorragias en casi todos los sectores del organismo, posiblemente asociadas a una toxina producida por la leptospira. Se ha aislado una hemolisina a partir de algunas cepas de los serovares icterohemorragiae y pomona. Recientemente han surgido evidencias del compromiso inmunológico en la leptospirosis: hay una reducción discreta de C3 y C4, deposito de IgG, IgM y beta 1C en los músculos de las pantorrillas, presencia de auto-anticuerpos para musculo esquelético y corazón, depósitos de IgG, IgM y beta 1C y en menor intensidad de IgA y fibrina. Estos hallazgos sugieren que las lesiones musculares y renales pueden ser medidas por complejos inmunes con participación de inmunoglobulinas del huésped y presumiblemente productos antigénicos de las leptospiras.

Forma anictérica.

La enfermedad puede ser discreta, con fiebre, cefalera, dolores musculares, anorexia, náuseas y vómitos de inicio súbito. Dura de uno a varios días, siendo frecuentemente rotulada como “Síndrome gripal o virosis”.

Una infección más severa se puede presentar clásicamente como una enfermedad febril difásica. Una primera fase septicémica o leptospirémica, la cual se inicia abruptamente como fiebre elevada, escalofríos, cefalea, postración y mialgias que involucran los músculos de las pantorrillas, muslos, regiones paravertebrales y abdomen, resultando doloroso a la palpación y pudiendo a veces simular un abdomen agudo quirúrgico. Puede ocurrir anorexia, nauseas, vómitos, constipación, diarrea, artralgia, hiperemia o hemorragia conjuntival, fotofobia y dolor ocular. Hepatomegalia y esplecnomegalia (con menor intensidad) o agravamiento de las manifestaciones gastrointestinales, que se exteriorizan por la presencia de melena o enterorragia y pancreatitis. Epistaxis, dolor torácico, tos seca o con expectoración hemóptica pueden ocurrir. La hemoptisis franca es rara.

Para orientar el diagnostico, con frecuencia se hace necesario una separación entre los síntomas clínicos y las alteraciones histopatológicas pulmonares, siendo indispensable un estudio radiológico. En esa separación histopatológica/radiológica se observan lesiones compatibles con neumonitis intersticial con infiltrados localizados o difusos, derrames pleurales y adenopatía biliar.

En algunos casos se presentan disturbios mentales como: confusión, delirio, alucinaciones y señales de irritación meníngea. Las lesiones cutáneas son variadas: exantemas maculares, maculopapulares, eritematosas, urticariformes, petequiales o hemorragias. Puede ocurrir exantema transitorio del paladar.

Las manifestaciones menos frecuentes son: faringitis, adenopatía cervical o generalizada, parotiditis, epididimitis, prostatitis y edema.

La fase septicémica dura de 4 a 7 días, con una mejoría acentuada de los síntomas a su término. Después de esta fase, por un periodo de uno o dos días, el paciente se siente relativamente bien. Ocurre entonces un recrudecimiento de la fiebre e instalación de un cuadro de meningitis caracterizado por cefalea intensa, vómitos y señales de irritación meníngea, este cuadro se asemeja clínicamente a una meningitis viral. Las manifestaciones clínicas de esta segunda fase, llamada inmune, se inician generalmente a la segunda semana de la enfermedad y desaparecen de 1 a 3 semanas después.

Otras manifestaciones neurológicas son: encefalitis, parálisis focal, nistagmo, convulsiones, disturbios visuales de origen central, neuritis periférica, parálisis de los nervios craneanos, rediculosis, mielitis, síndrome de Guillain-Barré, hemorragias cerebrales y meníngeas, estas suelen dejar secuelas irreversibles. Algunas veces una Leptospirosis puede presentarse apenas como un cuadro de meningitis aséptica. Otra forma clínica de la fase inmune, puede ocurrir con uveítis entre el 4° y 5° mes del inicio de la enfermedad, la cual puede variar su aparición desde la tercera semana del inicio de los síntomas. Algunos pacientes presentan alteraciones del volumen y sedimento urinario a partir de la segunda semana de la enfermedad, una leptospiruria es frecuente desde la sexta semana hasta los tres meses.

Forma ictérica.

En algunos pacientes, la fase septicémica evoluciona a una enfermedad ictérica grave con disfunción renal, fenómenos hemorrágicos, alteraciones hemodinámicas, cardiacas, pulmonares y de conciencia asociada a tasas de letalidad que varían de 10 a 40 % en los diversos casos.

En esta forma, la enfermedad o curso difásico es raramente observada. Los sistemas descritos son más intensos y de mayor duración que la forma anictérica. La ictericia tiene su inicio entre los 3 a 7 días de la enfermedad, se presenta una tonalidad anaranjada (ictericia rubínica) bastante intensa. En la mayoría de los casos la palidez es enmascarada por la ictericia. La hepatomegalia ocurre en 70% de los casos y la esplenomegalia es rara. La insuficiencia renal aguda, generalmente sin oliguria, ocurre en la mayoría de los pacientes, mientras la oligurica es menos frecuente y está asociada a un buen pronostico. Una característica importante de esa insuficiencia con relación a la leptospirosis, es que está asociada con alteraciones hemodinámicas, tales como: deshidratación intensa e hipotensión, las cuales pueden agravar el cuadro y llevar a una necrosis tubular aguda de gran intensidad. Los niveles de potasio sérico están normales o disminuidos, raramente elevados; este fenómeno generalmente se explica por el encuentro de una alta fracción de potasio que acompaña la fracción sodio. Acidosis metabólica e hiperpotasemia, aunque exista insuficiencia renal aguda no son frecuentes.

La complicación cardíaca es menos prominente en el síndrome de Weil, a causa de la miocarditis que se instaura. El colapso cardiocirculatorio y la insuficiencia cardiaca pueden ser encontradas, aunque son menos frecuentes que las alteraciones electrocardiográficas traducidas por alteraciones del ritmo, de la repolarización ventricular y bloqueos ventriculares, éstas pueden agravarse por alteraciones metabólicas y en especial hipopotasemia.

Hay hemorragias en forma de petequias, equimosis o hemorragias pulmonares y gastrointestinales exteriorizadas por hematemesis y melena o enterorragia. La coagulación intravascular diseminada puede ocurrir, aunque es rara en los casos de Leptospirosis.

En la fase inmune, el paciente presenta regresión progresiva de los síntomas y evoluciona hacia la mejoría entre 1 y 2 semanas.

Diagnostico diferencial.

El diagnostico diferencial debe hacerse con: dengue, paludismo, enfermedades eruptivas, hepatitis vírica, fiebres de origen desconocido, influenza, “enfermedad viral”, rickettsiosis (fiebre Q, tifus) borreliosis, brucelosis, toxoplasmosis, pielonefritis, fiebre amarilla, fiebre hemorrágica epidémica, hantavirus, septicemia con ictericia o una variedad de enfermedades semejantes y localmente prevalentes.

Tratamiento

Se aconseja la administración de altas dosis de Benzylpenicilina (6 a 8 megaunidades) diariamente, durante 5 a 6 días, divididas en dosis intramusculares o endovenosas. Este tratamiento es efectivo durante la fase septicémica de la enfermedad. Como tratamiento alternativo para pacientes alérgicos a la penicilina, puede utilizarse la Eritromicina a razón de 250 mg cada 6 horas, durante 5 a 6 días o Doxycyclina a razón de 200 mg diarios distribuidos en dos tomas, por un período de 8 días, además, de un tratamiento sintomático y diálisis renal o peritoneal, cuando el estado del paciente lo requiera. El tratamiento debe ser indicado y supervisado por el médico.

Características de la enfermedad en los animales.

Bovinos

Afecta con preferencia a los animales jóvenes y son éstos los que presentan una sintomatología muy definida de la enfermedad. En los bovinos puede tener una evolución aguda, subaguada o desarrollarse progresivamente a una forma crónica, esta última puede quedar clínicamente inaparente. La iniciación de las formas agudas o subagudas es brusca, existe fiebre, debilidad, congestión, signos hepáticos o renales con ictericia, disminución y luego supresión de la producción láctea. La hemoglobinuria no es un signo constante, desarrollándose la enfermedad a veces con complicaciones. El aborto y nacimiento de animales débiles es común. Si el feto está suficientemente desarrollado, se puede realizar la serología a partir de una muestra de sangre e intentar el aislamiento de la cepa. En las vacas no gestantes, la infertilidad ha estado asociada a las formas benignas de leptospirosis.

La distribución de los serovares de Leptospira interrogans no es homogénea en todos los países, por lo tanto no debe esperarse un aislamiento idéntico.

La presentación clínica de leptospirosis no guarda relación con el serovar infectante, éste puede ser cualquiera, en cambio si está relacionada con el grado de virulencia de la cepa.

Cerdos

Los cerdos pueden ser infectados por cualquier serovar de Leptospira interrogans, aunque como en el caso anterior, siempre habrá un serovar común en la zona en estudio, responsable de casi la totalidad de los casos. En los cerdos adultos la enfermedad pasa desapercibida a la observación, y los animales pueden mostrar un pico febril de corta duración. En los animales en gestación puede ocurrir: aborto, nacimiento de animales débiles o mortalidad de lechones.

En los animales de corta edad, la enfermedad es más evidente, pudiendo mostrar congestión conjuntival o episcleral, hemorragias en mucosas, hematuria con ictericia y manifestaciones renales.

Caninos

Puede presentarse en forma asintomática, con cuadros clínicos muy graves y con curso de fulminantes a crónicos. Los signos que con mayor frecuencia acompañan al cuadro clínico no son de por si patognomónicos de leptospirosis. Puede presentarse hipertermia, mucosas y conjuntivas hiperémicas, debilidad, depresión, anorexia, vómitos, hemorragias, ictericia, anuria, oliguria, lumbalgia, dolor renal a la palpación, posiciones antálgicas, mialgias, diarrea, convulsiones glositis-estomatitis, disnea, otros.

Animales silvestres.

En condiciones naturales es muy difícil encontrar animales silvestres con signos de leptospirosis. La infección se instala principalmente en roedores y pequeños mamíferos sin producir manifestaciones clínicas aparente. Es más común el aislamiento de leptospiras y la positividad serológicas en animales que viven preferentemente sobre la tierra o que alternan su vida entre los árboles y el suelo, que en aquellos con un régimen de vida arborícola.

Fuente y ciclo de infección.

Las leptospiras presentan un ciclo de trasmisión natural cuya fuente originaria de infección ha sido casi siempre los animales enfermos, los cuales contaminan el medio al eliminar el microorganismo por vía urinaria; una gran mayoría de animales silvestres han venido adaptándose a las leptospiras y no presentan síntomas, pero si se comportan como verdaderos reservorios de la infección (roedores). La orina es la principal fuente de contaminación debido a que los animales (cerdos, bovinos) después de curados eliminan leptospiras por periodos prolongados, en algunos casos (bovinos) más de un año. Las secreciones uterinas también juegan un papel importante en la contaminación del medio ambiente.

La enfermedad se transmite a otros animales, ya sea intraespecies o interespecies, y éstos a su vez la trasmiten al hombre, ya sea por vía directa o indirecta. Esta última es la más común, por cuanto se realiza a través del suelo, aguas y alimento contaminados. La infección tiene lugar por las escoriaciones cutáneas, mucosas bucal o nasal en aquellos animales susceptibles que se mantienen en ambientes cuyas condiciones son adecuadas por la sobrevivencia del microorganismo.

La capacidad de supervivencia de las leptospiras en el medio ambiente depende de las condiciones del suelo (humedad, temperatura y pH) y del grado de contaminación de las aguas por el germen. Para el mantenimiento de las leptospiras en la naturaleza, es necesario que haya un alto grado de humedad ambiental, temperatura entre 15 y 30 °C con un pH ligeramente alcalino o neutro, lo cual hace que el germen se multiplique y se disemine fácilmente en los rebaños.

En épocas de lluvia, la infección es altamente favorecida por el desplazamiento de las aguas de un lugar a otro, principalmente en aquellas áreas donde el desnivel del suelo facilita el estancamiento. Aunque las leptospiras son susceptibles a la baja humedad o desecación, a las bajas y altas temperaturas y a los pH que se alejan de lo neutro o alcalino, siempre constituyen un riesgo en las áreas tropicales por las frecuentes variaciones de las condiciones del medio físico.

La comercialización de animales domésticos y el desplazamiento de animales silvestres constituyen los factores más importantes en la transmisión de los diversos serovares de un rebaño a otro. La enfermedad se propaga de un lugar a otro o de un rebaño a otro, cuando hay desplazamiento de animales infectados e incluso curados que eliminan en forma intermitente el microorganismo en la orina por periodos prolongados.

Tratamiento

Se utiliza, tanto en bovinos como en suinos, la Dihydroestreptomycina en dosis de 12 a 25 mg/kg, durante tres días sucesivos, buscando no solo el tratamiento de la enfermedad, sino también el control de la localización renal de leptospiras, esto último se logra sólo parcialmente en los animales tratados.

En los caninos está recomendado el uso de penicilina (Benzyl Penicilina) a razón de 100.000 a 150.000 unidades/kg durante 4 a 5 días. También ha sido recomendado el uso combinado de Penicilina – Dihydroestreptomicina (Combiótico) lo cual no siempre es conveniente. Igualmente es necesario acompañarlo con un tratamiento sintomático.

El tratamiento debe ser indicado y supervisado por el médico veterinario, consúltelo.

Pruebas de laboratorio.

Debido a que las manifestaciones clínicas de las leptospirosis varían en tipo y gravedad, tanto en el hombre como en los animales, es casi imposible la confirmación clínica de la enfermedad; de allí la necesidad e importancia del diagnostico de laboratorio para confirmar los casos de leptospirosis, así como también para verificar la condición de portadores y determinar el alcance del problema e implantar las medidas de prevención y control.

Las manifestaciones clínicas y la gravedad de la infección por leptospiras varían en alto grado. Un caso de leptospirosis puede pasar desapercibido como infección inaparente, en forma benigna subclínica y de esta manera ser subestimado y verificado sólo por las reacciones serológicas cuando aparecen los anticuerpos. Además de esta forma existen otras más agudas graves y fatales en el hombre y en el perro, las cuales son poco frecuentes, pero la mayoría de las infecciones varían desde la más benigna hasta la ligeramente grave. Esta gravedad depende de tres factores: estado general del huésped, especie del huésped y el serovar involucrado en la infección.

El diagnostico de leptospirosis requiere de la combinación de una serie de parámetros, entre los cuales se debe incluir la historia clínica, estudio serológico, bacteriológico y examen histopatológico. A fin de obtener la muestra adecuada para efectuar el diagnostico de leptospirosis, se debe conocer la dinámica de la enfermedad. En una infección por leptospirosis se pueden considerar tres fases, aunque en la mayoría de los casos se encuentran superpuestas y no es posible diferenciarlas.
  1. Fase leptospirémica: Llamada septicémica, tiene una duración de 7 a 10 días. Se caracteriza por la presencia del microorganismo en el torrente sanguíneo. En esta fase las leptospiras pueden ser aisladas por cultivos directos o inoculaciones de animales de laboratorio (hamsters) con sangre, hígado, bazo, riñón, cerebro, pulmón. Durante este período las reacciones serológicas resultan negativas.
  2. Fase inmunitaria: Comienza al día siguiente de iniciada la enfermedad y aparecen los anticuerpos específicos en sangre. Durante esta fase es donde se hace posible la reacción serológica.
  3. Fase leptospirúrica: Es inmediata a la anterior. Hay excreción de leptospiras por la orina.
Serología

Debe hacerse mediante la prueba de aglutinación microscópica (MAT) recomendada por la Organización Mundial de la salud por su alta especificidad.

El resultado serológico es más precoz que el aislamiento, sin embargo éste debe ser intentado en todos los pacientes, ya que aporta un dato epidemiológico de valor. La leptospirosis cuando recién se inicia en el hombre, tiene una presentación serológica muy particular. El suero muestra coaglutinaciones muy amplias con diferentes serovares. Este comportamiento serológico permite establecer el diagnostico con certeza. Sin embargo, este estudio no reemplaza el aislamiento.

Para la serología se requiere de suero. La misma puede ser efectuada en un individuo o en un muestreo representativo de una población. Debe enviarse al laboratorio especializado muestras pareadas debidamente identificadas de un mismo animal, con un intervalo de 10 a 25 días. Es necesario enviar al laboratorio por lo menos 5 ml de sangre sin anticoagulante para la extracción de suero, la cual no debe estar hemolizada, libre de contaminantes y ser remitida en un tiempo menor de dos días de su extracción, y bajo refrigeración para evitar el deterioro. En caso de enviar suero, éste debe reunir las mismas condiciones; sin embargo puede ser conservado bajo congelación por un periodo mayor, antes de su envío al laboratorio. Estas mismas recomendaciones son validas cuando la prueba serológica se va a realizar con líquido cefalorraquídeo, suero lácteo, humor acuoso u orina.

Muestreo para aislamiento.
  • Cuando se intente aislamiento a partir de orina de animales sospechosos, se debe tener en cuenta que la excreción de leptospiras en orina es intermitente, y por lo tanto se debe tomar más de una muestra diaria (en la fase crónica de la enfermedad). Se le debe administrar un diurético al animal, ya que por su acción de barrido aumenta en forma considerable las posibilidades de aislamiento. Esta muestra debe ser enviada al laboratorio refrigerada en un periodo menos de 8 horas de su extracción.
  • Como método biológico de aislamiento pueden utilizarse hamsters recién destetados de aproximadamente 50 g de peso e inoculados con 0.5 ml de orina intraperitonealmente y enviados a un laboratorio especializado en un periodo no mayor de 5 días.
  • En caso de aislamiento de muestras sanguíneas, éstas deben ser obtenidas durante la fase leptospirémica y procesadas inmediatamente (en un período menor de 6 horas).
  • Las de leche o líquido cefalorraquídeo deben ser obtenidas en la fase aguda de la enfermedad y procesadas inmediatamente.
  • En caso de presentarse aborto en los animales, no es recomendable utilizar tejido placentario, ya que éste resulta muy contaminado. Los órganos de elección serán: hígado, riñón (procesado inmediatamente) y humor acuoso (procesado en 72 horas).
  • En caso de animales muertos, los órganos a elegir son: cerebro, hígado, glándulas suprarrenales (procesados inmediatamente) humor acuoso y hueso largo (procesados en un periodo de 72 horas).
Medidas de control.
  
Existen en el mercado una serie de bacterinas elaboradas con los serovares frecuentes en el país. Las vacunas deben inmunizar frente a los serovares causantes de enfermedad. En bovinos y cerdos se pueden utilizar vacunas con serovares múltiples de Leptospira interrogans a condición de que en ellas se encuentren incluidos los serovares más frecuentemente aislados de casos clínicos. También pueden emplearse vacunas combinadas con otros microorganismos bacterianos o virales.

En caninos, la vacuna debe contener serovares de los serogrupos Icterohaemorragiae y Canicola, al igual que en bovinos y cerdos.

En bovinos, debe contener serovares de los sero grupos: Hardjo, Hebdomadis y Pomona.

Bovinos

Se recomienda el esquema de inmunización siguiente:
  • 1er Año: A+B, donde A representa la población total de los animales de la finca considerada y B los animales nacidos ese año.
  • 2do Año: B+C, donde B son los animales nacidos el año anterior y C los nacidos el segundo año.
  • 3er Año: B+C+D, al grupo anterior se suma el D, correspondiente a todos los animales nacidos este año.
  • 4to Año: B+C+D+E, donde E corresponde a los nacimientos de este año.
  • 5to Año: C+D+E+F, es decir B ya no es vacunado, pero si se vacuna F que corresponde a los nacimientos de ese año.
Para asegurar el control total de la población animal y disminuir la excreción de leptospiras en el medio, es necesario llegar casi a 100% de cobertura vacunal. Vacunaciones suplementarias antes del servicio y por consejo veterinario pueden ser efectuadas sin alterar el esquema señalado.

La primera vacunación debe hacerse inmediatamente después del destete; cuando los animales son alimentados precozmente en forma artificial deberán ser vacunados inmediatamente y revacunados a los 30 días.

Cerdos

Los cerdos deben ser vacunados al memento del destete y se continuará revacunando por lo menos una vez al año.

Caninos

La vacunación se efectuará inmediatamente después del destete y se repetirá anualmente.

Bibliografía

Aguirre, L. 2000. Zoonosis más frecuentes en Venezuela. Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuaria. Centro Nacional de Investigaciones Agropecuaria (FONAIAP). Instituto de Investigaciones Veterinaria. Maracay, Venezuela. pp. 9-23. (Serie D No. 41).